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Bobo

El 20 de diciembre de 2005, justo una semana después del nacimiento de Malayaka, la policía de Entebbe contactó a Robert para ver si podría ir a ver a un niño que había sido abandonado y necesitaba atención médica. No se sabía nada del pasado del niño, pero era evidente que había sido desatendido, estaba desnutrido y le habían maltratado. Podía sentarse y tumbarse, eso era todo. Ni una expresión, ni una lágrima, ningún sonido… Robert preguntó al pequeño si quería ir con él y los enormes ojos del pequeño respondieron que sí, así que juntos fueron al hotel donde la pequeña Malayaka les esperaba. Ahora eran ya dos niños al cuidado de Robert.

Bobo tenía alrededor de dos años y medio y pesaba poco más de tres kilos. Tenía un brazo roto y el fémur rotos, malnutrición severa y quemaduras y cortes por todo el cuerpo.

Desde el primer momento, Bobo y Uncle Robert conectaron y se hicieron grandes amigos. Aun con todo el dolor que soportaba, Bobo era espabilado y alegre y estaba decidido a recuperarse. Comía todo lo que encontraba a su paso y enseguida empezó a ganar peso.

Uncle Robert y Bobo empezaron a visitar pediatras, cirujanos ortopédicos y fisioterapeutas, todos los cuales advirtieron a Robert que el pequeño tenía muy pocas posibilidades de sobrevivir. Afortunadamente, ¡se equivocaban! Finalmente Robert encontró a un médico que diseñó un plan para restablecer la salud de Bobo y a un fisioterapeuta que diseñó un armazón que Bobo debía llevar puesto 23 horas al día durante 8 semanas. El armazón funcionó increíblemente y tanto el brazo como la pierna de Bobo se curaron perfectamente. Fue un milagro en toda regla y pronto Bobo empezó a moverse solo por aquí y por allá hasta que un día se puso de pie y poco a poco empezó a caminar.

Es imposible encontrarse un ser humano con un corazón más bueno. Bobo está siempre sonriendo, de la mañana a la noche y su risa inunda a todo el mundo de alegría. Es respetuoso con las “aunties” y los demás niños, es extremadamente sensible al dolor ajeno y su generosidad y amabilidad se extiende a todos nuestros animales y a todos los seres vivos que pasan por su vida.

Siempre comprometido y siempre el centro de atención, a Bobo le gusta trabajar y que se le asignen responsabilidades. Disfruta mucho trabajando con Hakim y Uncle Robert y aprende rápido, se concentra bien y es detallista. Al principio, era duro para Bobo sentarse quieto en clase, pero últimamente lo consigue y sus resultados en el colegio mejoran día a día. Le encanta ir a la escuela, tiene muchos amigos y siempre es el primero en subir a la furgoneta que les lleva al cole.

La vida de Bobo es un milagro y conocerle, una bendición para todo aquel que se cruza en su camino. A la agente de policía que llamó a Robert para ir a ver a Bobo aún se le caen las lágrimas cada vez que viene a Malayaka House. No puede creerse que tal y cómo era la condición de Bobo cuando se lo encontraron, ahora pueda ser tan libre y feliz como es Bobo.

Bobo ahora está en primaria. En 2014 estuvo escolarizado en casa por problemas con la lectura y de concentración. En poco tiempo, sin embargo, ganó mucha autoestima y mejoró en ambos aspectos y cuando sintió que estaba a la altura de sus compañeros, le volvimos a matricular en la escuela. Está encantado de haber vuelto y le está yendo increíblemente bien.