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Jacinta

La primera vez que conocimos a Jacinta tenía 15 años y estaba llena de energía, sueños y esperanza. En Malayaka House trabajábamos de aquella en un proyecto en el orfanato en el que ella vivía y Jacinta era la estrella. El centro estaba en muy malas condiciones, y ella, que no iba al colegio, tenía la responsabilidad, como una de las niñas mayores, de cocinar, limpiar y cuidar de los más pequeños. También era la responsable de cuidar del pequeño huerto.

Harta de los abusos que eran el pan de cada día de este orfanato, decidió huir de él eligiendo a cambio quedarse sin hogar. Encontró a alguien que cuidó de ella, pero la mandó de vuelta cuando se quedó embarazada por segunda vez. Es una situación terrible y casi imposible de imaginar cómo una chica con tanto espíritu y potencial pudo acabar así. Sin sitio a donde ir, volvió al orfanato que había contribuido a crear este desastre en un primer momento.

Dos años después, en octubre del 2010, Robert visitó el centro y se encontró con una Jacinta deprimida, en una cama sucia, con una niña de 10 meses y embarazada de nuevo de 3. No tenía comida, se encontraba sin rumbo y en esas condiciones era imposible que una chica joven fuese capaz de encontrar su camino. Para sobrevivir, trabajaba en el huerto de los vecinos con su bebé a la espalda, recibiendo comida como forma de pago.

Robert decidió sacar a Jacinta y a Mercy de allí y se las llevó a Malayaka House en lo que fue un nuevo comienzo para ellas. Traer a una madre adolescente a casa fue una gran decisión, pero ¿qué otra cosa habría podido hacer?

Jacinta ha sido clave para el desarrollo de los negocios en casa. Es una gran pieza del equipo, disciplinada, centrada y una trabajadora nata. Es genuina, sincera y tiene un corazón que no le cabe en el pecho.

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