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Malayaka

El 13 de diciembre de 2005, en Entebbe, Uganda, una mujer sin hogar y mentalmente enferma llamada Sarah, dio a luz a una niña sana. Semanas antes de que naciera la pequeña, Robert Fleming trataba de encontrar a alguien que ayudara a esta mujer. Alertó a la policía, a los médicos de la zona y a la maternidad del hospital de Entebbe de que estaba a punto de nacer una niña que con seguridad iba a morir en cualquier cuneta al lado de la carretera. Durante ese tiempo, Robert visitó a Sarah y trató de hablar con ella para averiguar si tenía amigos o parientes en el área. Le traía agua y comida y escuchaba sus historias. Sarah no tenía la menor noción ni sobre de dónde era ni de que llevaba en su vientre a un bebé.

El azar quiso que Robert se encontrara a Sarah el día que se puso de parto y la recogió en su coche. Los doctores de Entebbe se negaron a ayudarles y les desviaron a un hospital mental en Kampala llamado Bitabika. Allí los médicos también rechazaron ayudarles y les enviaron al hospital gubernamental Mulago. Entretanto, Sarah atravesaba dolores de parto, vomitaba y sangraba, con gran nerviosismo y sufrimiento. Ya en Mulago, el parto se detuvo momentáneamente, Robert y Sarah fueron enviados a una habitación muy grande en la parte trasera del hospital, con muchas más camas que pacientes. A Sarah le asignaron una cama y Robert se acurrucó en el suelo mugriento a descansar.

A las 4.30 a.m. Robert se despertó y se encontró a Sarah en el cuarto de baño, de pie en medio de un gran charco de sangre, chapoteando agua frenéticamente. Tras buscar al bebé por todas partes, incluidos los inodoros, Robert encontró a la pequeña en el fondo de un cubo de basura. Sarah había cortado el cordón y arrojado ahí a la niña. Robert rápidamente cogió a la recién nacida, se la llevó a las enfermeras y volvió corriendo a ayudar a Sarah a asearse y a buscar un médico.

Los médicos enseguida se dieron cuenta de que Sarah no podría hacerse cargo del bebé. A falta de alternativas para su cuidado, las autoridades pidieron a Robert que la cuidara hasta que encontraran una solución. En un escrito improvisado le autorizaron a llevársela, y así, apenas cinco horas después de que la pequeña hubiera nacido, Robert se encontró conduciendo de vuelta a su habitación de hotel con un bebé en su regazo.

Durante meses, la pequeña lloraba durante toda la noche y dormía por el día. Robert encontró apoyo y orientación en el personal del hotel en que se alojaba. La llamó Malayaka Mary y pronto se cautivaron mutuamente. Sarah fue llevada al hospital Bitabika pero pronto estaba de nuevo en las calles. Robert nunca volvió a verla, pero por lo que le contaron supo que había muerto. Es una historia trágica, pero el espíritu de Sarah sigue vivo en su preciosa hija.

Malayaka está ahora en primaria, en Pearl of Africa Primary School. Es sana, confiada, segura de sí misma, y llena de personalidad. Nadie podía imaginar entonces que el nacimiento de esta niña especial se convertiría a su vez en el nacimiento de Malayaka House, hogar y refugio de muchos niños huérfanos y abandonados.

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