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NUESTROS VOLUNTARIOS REPITEN EN UGANDA

“Bonita, ¡hace un mes que no me pongo una camiseta blanca!”

Y si, un año más empiezo por el final. Una vez alguien importante en mi vida me dijo que las personas somos reflejo de las experiencias que vivimos. Personalmente considero que si estas experiencias consiguen transformar lo cotidiano de “nuestro mundo” en algo extraordinario es debido a la importancia de lo que hemos vivido.

Si el año pasado lo que hizo remover mi conciencia fue un vaso de agua, este año ha sido una prenda de ropa blanca. Podréis entender que la ropa blanca, tal como la concebimos en “nuestro mundo”, es un lujo que en Uganda y sobre todo en Malayaka dura los escasos segundos que tardas en ponerte dicha prenda.

Tras esta pequeña reflexión inicial… ¡empezamos!

31 de Julio, un año más haciendo las maletas de la ilusión, un año más empaquetando todo para volver a ver esas sonrisas que tanto me han cambiado la manera de afrontar la vida. Este año ha habido alguna diferencia, os presento a: auntie María, auntie Brenda y uncle Guille o DJ, tres amigos con los que he podido compartir lo que significa Malayaka. Con ellos y gracias a Malayaka House Safaris he tenido la oportunidad de conocer durante una semana la bien llamada “Perla de África”. Donde si bien es cierto que está bien presente la majestuosidad de su naturaleza es muy palpable la realidad social del país.

Niños Fort Portal

Moverme por Uganda me ha servido para conocer de primera mano su realidad y poder entender, aún más, la dificultad de lo que Malayaka House hace, todas las trabas que tiene que superar y la grandeza de lo que está consiguiendo. También hemos podido ver lo que están ayudando a las comunidades de Fort Portal y comprobar de primera mano los avances del futuro eco lodge.

Viola en la puerta de su universidad

Te das cuenta que los 40 niños y niñas que están en la casa de acogida estaban llamados a ocupar los lugares más bajos de la pirámide social y muchos de ellos incluso a morir en cualquier lugar. Malayaka no solo les ha salvado la vida, si no que ha conseguido situarlos en la cúspide de dicha pirámide, ¡bravo! Gracias Malayaka House, gracias a todos los que colaboráis y gracias a todas aquellas personas que este año me habéis regalado acompañar a una niña que ha pasado de estar a punto de morir con ocho años, a doce años después acudir a la presentación de su segundo año de Universidad, ¡GRACIAS!

Después de nuestra semana descubriendo Uganda, se volvieron a abrir las puertas de casa y volvieron a aparecer esas 40 sonrisas corriendo y gritando, este año ya no era unlce, uncle… era uncle Antonio desde el primer momento, algo que os podéis imaginar la alegría que me despertó nada más escucharlo. Había pasado un año, pero eran las mismas caras, miradas y energía positiva, después de lo que habíamos visto la semana anterior enseguida uno se da cuenta que llega a un sitio diferente, simplemente esa felicidad que hay de puertas para adentro convierten el hogar de estos niños en un oasis en su país.

Desde el principio todos me querían contar su año, sus progresos con el futbol, sus nuevas pulseras, o la nueva trastada que habían aprendido o hecho. Me di cuenta que la casa estaba diferente, recientemente pintada, se habían hecho cambios en la casa de los chicos, los baños de los bebes eran nuevos y el huerto seguía mejorando y creciendo. Pero la esencia, la esencia seguía siendo la misma, y yo, había vuelto a casa.

Sam cumplía un año y daba sus primeros pasos, Georgie empezaba la guardería, el nuevo bebe, Peter, llegaba a casa, las niñas del rugby seguían mejorando… El milagro no había parado, el recuerdo que me había llevado el año anterior seguía prosperando a pesar de todos los contratiempos que habían ocurrido durante el año.

Justine con su trofeo de rugby

De muchas cosas nos podemos enterar por la newsletter o las redes sociales, pero cuando llegas y te cuentan las dificultades que han pasado durante el año, valoras si cabe un poco más todo lo que ves. Además los niños crecen y lógicamente se plantean nuevas inquietudes, se presentan nuevos retos y es ahí cuando piensas si estarán preparados para darles a esas sonrisas lo que quieren. Desde luego lo que queda claro, es que lucha, ilusión y compromiso no falta por parte de nadie.

He tenido la oportunidad de conocer y dedicarles tiempo a las niñas mayores, aquellas que ya empiezan a plantearse su futuro. He comprobado cómo Justine Old empezaba su programa de gestión hotelera, como Shanita se prepara en secundaria para ser médico o Maurice convertirse en abogada, una vez más ¡bravo! Las puertas de un futuro mejor se abren para todos nuestros niños gracias a toda la ayuda que les hacemos llegar.

Webale Malayaka House por hacer lo que hacéis, webale por dejarme formar parte de esta gran familia y webale nao a todos los que colaboráis, sin vosotros nada de esto sería posible.

Beatriz Gutierrez

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