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Viola universitaria

Llevo días y más días a ver si encuentro el momento de sentarme a escribir sobre la preciosa Viola (pronunciado “Vaiola”) y el orgullo que me sale por los poros, y ha tenido que ser al volver de nuevo a España, y aprovechar los momentos de avión y aeropuertos, para sentarme a contaros sobre la que es una de las personas más especiales de mi vida.

Voy a empezar por el final. Viola empezó la universidad el pasado agosto, y es la primera de nuestros niños en llegar “tan lejos”.

Fue la tercera niña que el destino puso en el camino de Robert en esta bonita aventura que es Malayaka House. Llegó por accidente, y nunca mejor dicho, porque iba montada en un “boda” (ya os he hablado de las motos que hacen las veces de taxi) que colisionó cuando era de noche con un coche, con el tobillo de Viola entre medias. El resultado, una herida enorme, y una niña sola y asustada en una comisaría de policía.

Robert fue alertado por el comisario para ver si podía hacerse cargo de ella hasta que se pusiera mejor y encontraran a su familia. Y por supuesto lo hizo, para llevarla a su habitación de hotel, donde Malayaka y Bobo les estaban esperando. Con ese trío calavera, y para salir de la habitación de hotel, alquiló una casa en Entebbe, y ello dio comienzo a Malayaka House.

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Viola cuidó de Bobo, Malayaka y de los más de 20 que han ido llegando a lo largo de todos estos años. Viola es Viola Mukuano, amiga Viola. Amiga y hermana mayor, para siempre…

Durante semanas Robert tenía que ayudar a Viola a moverse, hasta que su tobillo se recuperó y pudo comenzar a ir al colegio. Primaria, y profesores que todavía hoy recuerdan a esa niña orgullosos. Secundaria en Entebbe Secondary School, y luego interna en Merryland año y medio. Mucho esfuerzo, horas de estudio, aguantar golpes (ya sabéis que en Uganda todavía los profesores tienen la mano muy larga…), copiar mil hojas de apuntes… y por fin, Viola termina “S6”, algo que solo consigue un pequeño porcentaje de la población ugandesa.

Bienvenida al futuro.

Viola siempre había querido ser piloto. Ése era su sueño, y creo que lo seguirá siendo siempre. Pero en una de realismo ugandés – ¡qué remedio! – se dio cuenta de que “no way” Malayaka House podía permitirse pagar para que fuera piloto, y “no way” sus notas daban para eso… así que un buen día, cuando todavía cursaba el último curso de secundaria, nos dijo que quería ir a la universidad a estudiar Trabajo Social.

¡Buenísimas noticias! Que oye pensar que Viola un día gestione Malayaka House igual es mucho soñar, pero por lo menos si empieza algo que tiene un poco que ver, “vamos por el buen camino”. Desde luego no puedo pensar en nadie mejor que ella para hacerlo.

Un día lo hablábamos y me dijo “¿Crees que seré capaz? Auntie, yo no sé mandar”. Eso se aprende Violita mía, lo importante es que tienes un corazón bueno, y te preocupas por los demás.

Viola es Viola, qué más puedo decir. Todo el que la conoce se enamora de ella. Y no solo porque tiene la sonrisa más bonita del mundo, también porque es dulce, sensible, siempre está de buen rollo, nunca critica, siempre ve el lado bueno y positivo de las cosas, no entra en cotilleos de “mujeres”- ¡lo cual se agradece enormemente en una casa en la que somos tantas! -, todo el mundo la respeta, la quiere, la escucha… Su relación con los niños es perfecta y tiene cariño para repartir entre todos en Malayaka House, y ellos la adoran.

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Desde hace unos meses, Viola se encarga también de organizar Pizza Night, y no es fácil. Y está encantada, y yo con ella. Porque es fácil de llevar, porque escucha, porque se esfuerza, porque se entiende con todo el mundo, porque trabaja duro… porque tiene ganas de aprender, y aprende cada día.

Cuando empezamos las gestiones en la uni, estaba preocupada y nerviosa. Me dijo “auntie, el corazón me va a mil”. Todavía le faltan esas tablas de apañarse sola fuera de su “zona de confort”, pero como aprende rápido, irá encontrando su camino poco a poco.

Un abogado alemán se ha comprometido a ayudar con sus estudios hasta que termine la carrera. Tres años. Él no va a leer esto, evidentemente, pero yo aún así se lo agradezco.

Y es que aunque ir a la universidad no signifique encontrar un trabajo en un país como Uganda, para Malayaka House, para nuestros niños, para nuestro futuro… es muy importante que uno haya comenzado a andar el camino, y es más importante aún que haya sido Viola, que para todos es un ejemplo a seguir. Nuestra casa, el hogar de nuestros niños es lo que es, en mucha parte, gracias a ella.

Viola es mi chica, mi amiga, mi consejera, mi niña especial… mi turururu Viola, ¡te quiero mil millones y otros mil más!

Auntie Bea

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Beatriz Gutierrez

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